Festín callejero en Estambul

Como es de suponerse, opciones para comer en una metrópoli de 15 millones de habitantes hay de sobra. Pero no te agobies, salir a la calle con un par de liras en el bolsillo garantiza exquisitos resultados.

Primer tiempo: Kestane. En las calles y plazas más transitadas decenas de carreteras cubiertas con toldos rojiblancos tientan a la gula. Las que venden castañas asadas suelen ofrecer también elotes, hervidos o asados, aunque predomina la nuez. Se venden en bolsitas de papel por gramaje, por eso en cada carreta siempre se ve una balanza de pesas. Cien gramos cuestan cinco liras (2.35 dólares); un elote aproximadamente dos liras (1 dólar).

Tercer tiempo: Midye dolmasi. Por toda la ciudad, aunque abundan cerca de los puertos y puentes, se pueden comprar mejillones frescos. Los puestos son sencillos: simplemente una bandeja llena de estos moluscos y unos cuantos limones amarillos. Están rellenos con un guiso de arroz y se comen tal cual: directo de la concha y con solo un toque de jugo de limón. Los locales suelen preferirlos en la noche, después de ir de fiesta, o bien, como postre al terminar la cena.

Cuarto tiempo: Osmanli macunu. Se trata de un dulce  parecido a las paletas de golosina o pirulis, que se prepara al momento. Quienes lo elaboran cuentan con unos cinco o seis recipientes con caramelo líquido, cada uno con un color y sabor diferente, que enrollan en un palo de madera. Una vez que todos los sabores han sido añadidos se agrega un toque con jugo de limón y el caramelo se endurece un poco. Según la tradición, el osmanli macunu tiene poderes afrodisiacos.

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